
Todos hemos leído, escuchado al menos alguna vez, la expresión, “Amar es dar sin recibir nada a cambio”, y cualquiera que se propusiera analizar seriamente esta afirmación podría encontrarle, en nuestro contexto, tiempo y mentalidad, un tanto utópica, diríamos hoy: romántica y, por que no decirlo, a la hechura de otros tantos cansados clichés. Podríamos un poco cínicamente preguntarnos: ¿quien realmente se cree que ama sin esperar nada a cambio?, y la respuesta podría ser mas una confesión: -La verdad no, y no hacemos cosas desinteresadamente, pensamos en la conveniencia, escatimamos como el inversionista que confía en los réditos de su inversión. En ocasiones, damos y nos indigna no haber recibido “las gracias”. El altruista, por ejemplo, habiendo hecho de su noble actividad una forma de autorrealización personal, no duda en pensar que le deben reconocimiento. También nos encontramos con aquellas relaciones consensuadas que establecen relaciones de intercambio, no de amor, les llamo, de favores.
En un primer momento expondré dos perfiles y la forma particular en la que se relacionan con la idea de dar. Respectivamente: la calidad de tener, como una limitación ante la posibilidad de vivir el amor en el dar y, la calidad de ser, como posibilidad inagotable de vivir el amor en el dar. Seguido de algunas reflexiones sobre la entrega desinteresada y el amor y, por ultimo, el amor desinteresado y su natural reciprocidad de quienes viven en el amor.
Calidad de tener
Calidad de tener se refiriere, más que, en cuanto a poseer o dominar un objeto o realidad, al hecho de finitud, de límite, de una conciencia en cuanto a tener, es decir, tener se opone a lo infinito y de ahí la necesidad de guardar o acumular lo que se posee, aunque sea en un “espacio” abstracto. Se podría afirmar que lo que se posee esta circunscrito, encerrado, resguardado, esta en un espacio bien delimitado, me pertenece sólo a mí; lo tengo en una caja fuerte. En esta conciencia, sé es lo que se posee y la relación con esto que se posee estará siempre en función del propietario, es decir, de la propia seguridad, de la propia realización, de la propia satisfacción, evitando así, que el individuo pueda dar de si para encontrarse con el amor.
Desde está perspectiva alguien que mirando hacia si mismo y habiendo hecho un “inventario” de lo que cree que posee (calidad de tener) dará a cuenta gotas y, siempre asegurándose de que su inversión le será redituable, supone que lo que “tiene” se va a terminar o desgastar, este individuo, cuando no recibe lo que esperaba por lo que da, llega a sentirse decepcionado, experimentando vació y no se diga; hondamente indignado, puesto que, advierte no fue valorado como el creía, ¿no hemos todos sentido algo parecido alguna vez? Este desengaño, ante lo que se esperaba, le hace más cauto, desconfiado y hermético. Llega a experimentar y expresar su sensación de desgaste y al iniciar una nueva relación encuentra dificultades. Por otra parte, llegamos a escuchar, de alguna persona, una serie de razones, por las que volver a dar es algo que encuentran inconvenientemente, una pérdida de tiempo y de energía.
Calidad de ser
Calidad de ser, por el contrario esta se referirá a la relación ilimitada de la persona con respecto a los objetos o realidades. No se limita, no se circunscribe, ni a si mismo, porque no posee lo que es, ni lo que es lo demás. Tiene, en cuanto a ser actuante respecto a lo que tiene, es decir, participa de ello, en su presente, diría sencillamente, toma “prestado” para el hoy, lo que es y lo que le rodea. La sinceridad de suyo no es un atributo personal, es una decisión, pues bien, en esa decisión se participa del valor de la sinceridad, no se es sincero, por tener un gen.
Ahora bien en este sentido el que ha mirado hacia sí mismo y ha entendido que todo lo que tiene (calidad de ser) puede compartirlo con libertad, sin condiciones, tiene el convencimiento de que nunca se extinguirá y desgastara aquello que es, pues posee la convicción de que el dar le enriquecerá y entonces tendrá más para compartir. Buscaglia escribirá: “podría enseñarles a los lectores todo lo que se, y seguiría sabiendo todo cuanto se” (Buscaglia 1985) Este individuo, no actúa en función del esperar porque reconoce que en la medida que da en esa medida recibe, es decir, al dar recibe porque ese dar pone en acción todas sus potencias, cualidades y habilidades, permitiéndole así, ser actuante realizado. Recibe al dar, porque vive intensamente en el presente los actos amorosos del compartir, se da cuenta, que si no se detiene y aprecia esos actos pasarán de él, por eso no tiene tiempo para pensar en que recibirá algo más adelante. Caminar de la mano de alguien no es una experiencia unilateral y mucho menos si se la vive profundamente o simplemente dando se cuenta de ella, para mi este ejemplo expresa perfectamente lo que quiero decir,
La entrega desinteresada y el amor
Pareciera ser lejana o fuera de nuestra realidad y, sin embargo, tenemos referencias, podría citarles un sin fin de personas, algunas popularmente conocidas otras no así, personas que se distinguieron por su entrega y donación incondicional por los demás. Podríamos mencionar a Madre Teresa de Calcuta, Gandhi, Madre Muriel, Damián de Molokai y tantos otros. Y sin ser mi voz la de todos ellos atrevo a las siguientes afirmaciones: el Amor por ellas compartido o donado careció de la espera de algo, que tal entrega no provoco desilusión o orgullo por cuanto esta hubiere logrado, porque todos ellos estaban convencidos de que su entrega, de aquello que habían dado, todo lo que habían amado les había permitido realizarse, es decir, hacerse reales, realizare en Dios o como ser persona y que si no hubieran provocado algo con su entrega, que no todo es su responsabilidad ni absolutamente dependía de ellos, tampoco vivieron su ser en función de los resultados.
El amor desinteresado y su natural reciprocidad de quienes viven en el amor.
Creo que el que ama realmente no dice este es mi amor y eso le basta, sino que se busca en el amor y en este busca al otro. Si lo logra, entonces este dar desinteresadamente le permitirá la verdadera posibilidad de vivir el amor. El que vive en el amor simplemente participa de este, talvez no lo vive de una forma heroica, pero si de tal manera que todos los aspectos de su vida lo hacen notar, y no es, reitero, ¡su amor!, y sin embargo, este empapa toda existencia. Puede ser la persona que se compadece del sufriente, la que respeta la naturaleza y considera a las demás criaturas, el que participa de forma activa en su sociedad donando algo de su tiempo, el que pone sus talentos y recursos al servicio de aquellos que lo los requieran. Respecto al amor entre dos le digo: el que ama desinteresadamente, de alguna forma u otra logra transformar al amado por la fuerza, no del propio amor, sino como persona que vive el AMOR, que es capaz de inspirar.
Si las personas pudieran cambiar su conciencia, Y pasar de ser personas en función de tener a ser, no se encontrarían ante la angustiosa imposibilidad de no vivir el amor o no encontrarse en él. Pero no cabe duda, la experiencia da testimonio de que es posible dar sin esperar algo a cambio, por que en el mismo dar, ¡ya se esta recibiendo! San Francisco en su bella oración nos dice: “EN EL DAR ESTAR EL RECIBIR” Concluyo diciéndote: comparte, da, no esperes ni las gracias, porque de una forma u otra, por ley física, la vida se compartirá contigo, se dará y no esperara que seas políticamente correcto y le des las gracias por ello.
Dios te bendiga.
Buscaglia, L. (1985). El amor. Diana México.
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